Lisabö 'Ezlekuak'

El último de los irundarras habla de lugares sin identidad propia, o con una pasajera, lugares de paso que solo nos sirven de punto de unión entre distintas momentos de nuestra vida, como aeropuertos, gasolineras o estaciones de tren. Ahí están cumpliendo su función, en medio del flujo de emociones (o vehículos) que se le supone (en este caso, por ejemplo) a una carretera, y desvaneciéndose justo después formando ires y venires de correspondientes no-sensaciones y no-recuerdos, encuentros efímeros sin más significado que su propia inexistencia, como en esas metrópolis abarrotadas de gente que ironicamente son el gran paradigma de la soledad.
Autopista gaineko
Zubian
Non kotxeak berdinak diren
Ta berdinak istripuak
No sé si el concepto del disco augura una etapa distinta de Lisabö aunque cinco años de silencio y diferentes cambios (miembros, edición, formato) así lo auguran. Lo que sí sé es que las arremetidas de viento y mar siguen ahí. Y la angustia, la catarsis, los desgarros, la abrasión, las tripas, los susurros, los gritos, esas guitarras hirientes y esos ritmos desesperados, ansiosos. Lejos de ser minimalista como parece anunciar su portada, el último disco de Lisabö es igual de crudo que los anteriores. Donde Guy Piccioto jugaría a las convulsiones, ellos hacen volar pies de micro. Y a sabiendas, se han sacado de la manga un disco impresionante. Hacen falta algo más que dos baterías para parar a Karlos Osinaga. De la misma forma, hacen falta muchos no-lugares para hacerte olvidar que estás, de hecho, en la carretera.


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